El gran melón que está por abrir: autoría y derechos en la IA generativa

12/12/2025
David Lahoz

O por qué seguimos sin saber de quién son realmente las cosas que hacemos con IA.

Hace unas semanas tuve el placer de participar en IA Hub Barcelona con una charla que, a juzgar por las caras de los asistentes, tocó un nervio bastante expuesto en el sector creativo. La pregunta que planteé era aparentemente sencilla: ¿son tuyos los trabajos que produces con inteligencia artificial generativa?

La respuesta corta es no. La respuesta larga es "depende de dónde estés y de lo que hayas hecho exactamente". Bienvenidos al maravilloso mundo de la ambigüedad jurídica en la era de la IA.

El gran melón que nadie quiere abrir

Marco Petrucci, lo definió perfectamente durante una de las charlas previas del IA Hub: esto es, "el gran melón ahora", reconociendo que todas las agencias están atrapadas en ese debate. César Pesquera, en otra intervención, confirmó que se lo encuentra cada día en su trabajo, mencionando la necesidad de modelos entrenados con datos limpios y admitiendo algo que todos sabemos: la ley va por detrás.

María Vinagre y Hugo Barbera aportaron la perspectiva de quienes trabajan con grandes agencias: les imponen requisitos legales estrictos que incluyen declarar herramientas, prompts y demostrar que las imágenes de referencia tienen derechos de autor válidos. Mauricio Tonon fue más contundente aún al afirmar que la legislación actual sobre copyright debería cambiarse desde cero.

El requisito de la autoría humana

El marco legal actual, tanto en España como en la mayoría de jurisdicciones occidentales, es bastante claro en un punto: solo se reconoce la protección mediante el derecho de autor a aquellas obras que hayan sido creadas por una persona natural. El artículo 5 de la Ley de Propiedad Intelectual española no deja mucho margen a la interpretación.

Es el mismo principio que llevó a que el famoso selfie de la macaca Naruto quedara sin protección de copyright. Si un mono no puede ser autor, una máquina tampoco.

En enero de 2025, la Oficina de Copyright de Estados Unidos publicó un informe que intenta aportar algo de claridad. El criterio clave es la existencia de una "intervención humana creativa significativa". Y aquí es donde las cosas se ponen interesantes, porque ¿qué demonios significa "significativa"?

Según este informe, la elaboración del prompt, por muy elaborado que sea, no ofrece suficiente control humano para convertir al usuario en autor del output. Es decir, aunque algunos prompts pueden ser creativos y protegibles en sí mismos, no otorgan derechos de autor sobre la obra generada. La selección y organización del resultado tampoco es suficiente.

Sin embargo, cuando incluyes un input generado por ti mismo (una fotografía tuya, un boceto original), o cuando el resultado final deriva de un proceso de adaptación y edición que introduce cambios creativos significativos, entonces sí puedes reclamar autoría, al menos parcial.

El mosaico internacional

El problema se complica cuando miramos más allá de Estados Unidos y Europa. La legislación del Reino Unido establece que el autor es "quien realiza los arreglos necesarios para la creación de la obra", pero no aclara si esa persona es el usuario o el desarrollador del software. Una ambigüedad muy británica, si me permites el comentario.

China, por su parte, ha tomado un camino completamente diferente: considera que la elección de prompts, la configuración de parámetros y la iteración de la imagen representan una "inversión intelectual" adecuada del usuario humano para reconocerle la autoría total. Si produces contenido con IA para el mercado chino, tus derechos están más protegidos que en Occidente. Irónico, ¿verdad?

Lo que exige el AI Act europeo

Más allá de quién sea el propietario, el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial establece obligaciones de transparencia que todos deberíamos tener ya en el radar. El contenido generado debe ser identificado como de origen artificial cuando este se parezca de manera significativa a personas, objetos, lugares, entidades o acontecimientos reales.

Y no basta con poner un disclaimer en texto pequeño: se establece explícitamente que la firma o marcado de los contenidos generados por IA debe ser legible por máquina. El incumplimiento puede conllevar sanciones de hasta 15 millones de euros o el 3% de la facturación total a nivel mundial. Estas obligaciones serán aplicables desde agosto de 2026.

La letra pequeña de cada herramienta

Uno de los bloques de mi presentación que más interés generó fue el análisis comparativo de los términos y condiciones de las principales herramientas. Las diferencias son sustanciales.

Adobe Firefly es probablemente la opción más favorable para uso comercial profesional. El contenido tanto de entrada como de salida te pertenece, siempre que no uses material protegido por propiedad intelectual de terceros sin permiso y no lo generes con una versión beta de las aplicaciones. Además, en las cuentas enterprise, Adobe garantiza proteger a la empresa y asumir los costos financieros en caso de demanda por infracción de derechos. Sin embargo, si publicas en la galería Firefly, concedes a Adobe una licencia amplia, no exclusiva, perpetua, irrevocable, mundial y libre de regalías.

Midjourney permite el uso comercial de las imágenes generadas, siempre y cuando seas propietario de los activos utilizados en la creación. Pero en la letra pequeña existen excepciones: si trabajas para una empresa que genera más de un millón de dólares al año, necesitas suscribirte a un plan Pro o Mega para poder reclamar la propiedad. Y lo más preocupante es que si creas una salida que viola los derechos de autor de alguien y enfrentas una demanda, deberás defenderte solo, sino que también tendrás que compensar a Midjourney por los gastos legales si ellos son demandados debido a tu acción. Además, por defecto, tanto las imágenes generadas como los detalles del prompt (incluyendo referencias visuales) serán visibles públicamente. Para privacidad total, necesitas el modo Stealth de las cuentas Pro y Mega. Y para finalizar compartes los derechos del contenido generado con la plataforma de forma perpetua y a nivel mundial.

OpenAI tiene una posición interesante: te asignan todos sus derechos, título e interés en el output, "si los hubiera". Ese matiz es importante: reconocen implícitamente que puede no haber derechos que asignar. Para usuarios de GPT Enterprise y la API, ofrecen el Copyright Shield, que protege frente a reclamaciones relacionadas tanto con los resultados generados como con los datos utilizados para el entrenamiento.

Google con Gemini permite el uso comercial en la mayoría de herramientas (Gemini, Vertex AI), pero no en las versiones experimentales de AI Test Kitchen (MusicFX, VideoFX) sin acuerdos específicos. Su indemnización cubre tanto reclamaciones sobre datos de entrenamiento como sobre outputs generados, siempre que no hayas intentado crear esa infracción intencionadamente.

Suno y Stability AI comparten un patrón similar: eres propietario de los outputs si tienes suscripción de pago, pero conservan licencias amplias para usar tu contenido y te hacen responsable de cualquier consecuencia legal derivada de tu uso. Las empresas de mayor tamaño necesitan licencias específicas negociadas.

Cómo proteger tu trabajo y cumplir la legislación

Para cumplir con el requisito de marcado legible por máquina, el estándar C2PA (Coalition for Content Provenance and Authenticity) se está consolidando como la referencia. Funciona como una etiqueta nutricional para contenido digital, permitiendo conocer el historial de creación y edición de cualquier archivo. Adobe, Amazon, BBC, Google, Intel, Meta, Microsoft, OpenAI, Publicis, Sony y Truepic forman parte del proyecto.

Las Content Credentials permiten incrustar metadatos verificables en las imágenes, incluyendo información sobre el productor, las herramientas utilizadas, los ingredientes (imágenes base) y las acciones realizadas. LinkedIn ya muestra esta información cuando está disponible. Google tiene su propio sistema, SynthID, que permite marcar e identificar contenido generado por IA con sus herramientas.

Cuatro acciones que deberías empezar a aplicar desde ayer

  1. Conoce en detalle los términos y condiciones de todas las herramientas que utilices en materia de derechos de propiedad, responsabilidad legal y uso comercial. No es lectura apasionante, pero es imprescindible.
  2. Revisa y adapta los contratos con clientes y proveedores a la nueva realidad de la inteligencia artificial. La World Federation of Advertisers ha publicado una guía de buenas prácticas para contratos de IA generativa que merece la pena consultar.
  3. Documenta el proceso completo de producción de todos tus trabajos con IA. Guarda prompts, referencias visuales, iteraciones intermedias y versiones finales.
  4. Firma digitalmente todos los trabajos realizados en parte o totalmente con IA, utilizando estándares como C2PA.

Debemos abrir cuanto antes este melón

El terreno de la propiedad intelectual en la era de la IA generativa está, como diría César Pesquera, en un estado donde la ley va claramente por detrás de la tecnología. Pero eso no significa que podamos ignorar el tema esperando a que los legisladores se pongan de acuerdo. Las decisiones que tomemos hoy sobre documentación, transparencia y uso responsable de estas herramientas determinarán nuestra posición cuando la regulación finalmente madure.

Y si algo he aprendido en más de veinte años en este sector, es que más vale estar preparado antes de que el melón te explote en las manos.

El conocimiento de los derechos de propiedad intelectual y comerciales de los contenidos que generamos con IA es clave. En mis programas de formación ayudo a equipos y empresas a identificar qué procesos automatizar, cómo implementar IA generativa sin meter la pata, y sobre todo, realizarlo de forma segura para garantizar la privacidad y el uso correcto del contenido generado.

Si tu organización está explorando cómo integrar la IA en sus procesos sin que sea otro proyecto piloto que muere en dos meses, hablemos. Diseño sesiones adaptadas a vuestras necesidades, desde workshops introductorios hasta programas completos de transformación digital con IA.