Esa técnica de prompting que te obliga a mirar tu problema desde tres ángulos a la vez
Me di cuenta de que la mejor forma de sacar ideas de verdad de la IA no es pidiéndole que te haga un análisis, sino obligarla a simular una conversación entre dos perfiles que se llevan de puta pena.
¿Te pasa esto? Le preguntas a ChatGPT: "Oye, explícame cómo está afectando la IA a la publicidad" y te suelta tres párrafos que parecen sacados de un manual corporativo. Ya sabes, ese rollo de "por un lado... por otro lado..." donde nadie dice nada concreto y tú te quedas igual que antes.
Seguro que has probado eso de "ponte en plan escéptico vs. optimista". Mola más, claro, pero sigue siendo bastante superficial.
Pero bueno, ¿y si en vez de pedirle un análisis le dices que simule una conversación de verdad entre dos profesionales que ven las cosas de forma totalmente diferente?
Pues eso hice yo, y te lo juro, me ha cambiado la forma de entender las movidas reales de este sector.
Cómo monté el experimento: dos tíos, una conversación tirante
La cosa era sencilla. Le pedí a Claude que hiciera de dos personajes:
Fernando: director creativo de toda la vida. 25 años en agencias. Para él la IA es básicamente el enemigo de la creatividad con mayúsculas.
Martín: director digital. 15 años surfeando la era post-internet. Ve la IA como una herramienta que te amplifica lo que ya haces bien.
Pero aquí viene lo importante: no les pedí que debatieran como si estuvieran en un congreso. Les pedí que hablaran como hablarían en la vida real: cortándose, dudando, reconociendo cuando el otro tiene razón, incluso cambiando de opinión sobre la marcha.
Y el resultado fue brutal. Nada que ver con cualquier análisis que te suelta la IA cuando le preguntas "en general".
Por qué funciona esto (y no, no es magia)
Cuando le pides a una IA que te hable "en general" de algo, te está dando su respuesta más promedio. Es como buscar en Google "la página más típica sobre este tema". Te da lo más seguro y anodino.
Pero cuando la obligas a ser dos personajes concretos, con su historia, sus presiones y sus manías, la cosa cambia. La IA tiene que:
- Mantener coherencia: Fernando no puede sonar como Martín. Esto la fuerza a construir argumentos mucho más sólidos para defender cada postura.
- Generar fricción real: No puede acabar con el típico "bueno, ambos tienen razón". Tiene que negociar los puntos de conflicto, como haríamos tú y yo tomando unas cañas.
- Explorar matices: Lo mejor es cuando Fernando dice "joder, ahí llevas razón...". No es que se rinda, es que su forma de pensar evoluciona. Y eso es mil veces más interesante que un párrafo balanceado.
En mi caso, pasamos del típico "la IA va a hundir las agencias" a una discusión de verdad sobre por qué el 86% de las marcas están contentas con sus equipos internos (dato que soltó Martín), lo que hizo que Fernando se preguntara si eso era porque los equipos han mejorado o porque simplemente pedimos menos.
Eso sí que es pensar de verdad.
Lo que descubrí (y que no me esperaba para nada)
El diálogo sacó tensiones que un análisis normal nunca habría pillado:
El problema no es la IA, es cómo la usamos: el miedo es que la IA genere cosas mediocres. Pero la realidad es que la mayoría usa la IA de forma mediocre. Alguien que la usa para hacer análisis de sentimiento de la competencia saca perspectivas únicas. El problema es el proceso, no la herramienta.
La regla del 80/20 de verdad: Fernando (el escéptico) estaba convencido de que las agencias iban a desaparecer. Martín consiguió que admitiera que, vale, quizás hay un 20% del trabajo —el pensamiento estratégico— que sigue siendo profundamente humano. Eso es una guía clarísima de qué automatizar y qué proteger.
Evolución, no apocalipsis: los dos acabaron de acuerdo en que la industria seguramente será más pequeña, pero también mejor. No porque uno "ganara", sino porque ambos refinaron sus posturas durante la charla.
Cómo lo haces tú (en 5 pasos)
Paso 1: Define a tus 'luchadores'
No tienen que ser personas reales, pero sí tener un sesgo claro. Por ejemplo: "CEO tecnológico que solo ve eficiencia" contra "director creativo tradicional que valora el oficio" o "especialista en datos que solo piensa en ROI".
Paso 2: Dales contexto (y presión)
No digas "habla sobre IA en marketing". Sé específico: "Fernando (agencia) y Martín (cliente) están en una reunión. Martín tiene presión de su jefe para recortar costes de agencia. Fernando tiene que decidir si acepta la rebaja o pierde la cuenta. Quiero que hablen de esto". El contexto y la presión lo cambian todo.
Paso 3: Pide que haya chispa
Dilo explícitamente: "Quiero que se cuestionen, que discutan de verdad, pero que también puedan cambiar de opinión". El diálogo real tiene fricción.
Paso 4: Exige referencias
Esto fue clave: "Cuando cites datos, hazlo con fuentes concretas. Si no estás seguro, dilo". Esto frena las alucinaciones de la IA y te obliga a verificar.
Paso 5: Fíjate en los giros
Lo más valioso no es lo que dicen al principio. Es cuándo y por qué cambian de opinión. Ahí está el aprendizaje real.
¿Para qué te sirve esto en tu día a día?
- Anticipar objeciones internas: si vas a proponer algo nuevo, simula la conversación con las "voces" de tu organización. Verás las preguntas difíciles antes de que te las hagan.
- Entender un problema a fondo: ¿invertir en IA para redactar? Haz que un gestor de cuentas, un creativo y uno de datos discutan qué significa eso.
- Explorar escenarios de futuro: yo usé esto para ver cómo será la industria en 5 años. Las hipótesis que salieron fueron mucho más ricas que cualquier análisis de tendencias al uso.
Una advertencia honesta
Esto no es la realidad real, es la "realidad mejorada". La IA todavía tiende a ser demasiado razonable. Fernando no es un ludita de verdad, pero es lo suficientemente cercano como para activar los argumentos de un ludita en tu cabeza.
Piénsalo como un sparring de entrenamiento que nunca se cansa, siempre tiene una perspectiva fresca y no se ofende si le dices "eso es una chorrada".
Para empezar hoy mismo
Abre ChatGPT o Claude. Define dos perfiles con opiniones claras sobre algo que te preocupa de tu trabajo. Dales contexto. Pídeles que conversen. Y luego, apunta en qué momento tú cambias de opinión.
Eso que acabas de hacer es pensar. Y de eso va la IA que importa: no de automatizar lo que ya haces, sino de amplificar cómo piensas.
Si quieres ver el resultado de mi primera experiencia con esta técnica la puedes leer aquí.